El país chino tiene la liquidez que todos anhelan; sus arcas guardan enormes reservas de divisas, suficientes como para manipular el mercado internacional y mantener el valor del yuan ficticiamente bajo. Pero la crisis económica global afecta al país con fuerza, y el dinero en efectivo empieza a fluir para obtener que la población se anime a adquirir viviendas o automóviles.